5. Compras Apalancadas

Henry Kravis

Las compras apalancadas se constituyen como un fenómeno que se empezó a presentar en los años 80. Una compra apalancada (leveraged buyout, o “LBO”) es una transacción en la que un patrocinador financiero compra una compañía, ante todo, con deuda. De hecho, se compra la compañía objetivo con el dinero de la misma y con su propia habilidad financiera para repagar la deuda. Como se describe en “Barbarians at the Gate: The Fall of RJR Nabisco” (Pgs 140-141):

“En 1982 un grupo de inversión – liderado por William Simon, un ex secretario de Hacienda -, adquirió una compañía de Cincinnati llamada Gibson Greetings, e hizo que dejara de cotizar en bolsa. La compra ascendió a 80 millones de dólares, de los cuales solamente un millón provenía de su propio dinero. Cuando Simon hizo que Gibson cotizara en bolsa nuevamente, esta compañía se vendió en 290 millones de dólares. La inversión de 330.000 dólares realizada por Simon fue avalada en 66 millones de dólares por conceptos de dinero y títulos de valor. Para 1985, a sólo dos años después de lo sucedido con Gibson Greetings, habían 18 compras apalancadas independientes valoradas en mil millones de dólares. En los cinco años preliminares a la compra que llevó a cabo Ross Johnson [Presidente y Gerente General de RJR Nabisco], la actividad de compras apalancadas totalizaba $181.9 billones de dólares, comparada con apenas $11 billones generados en los seis años anteriores a eso.

“Un número de factores se combinaron para avivar la histeria. El código de rentabilidad interna – para generar intereses pero no dividendos deducibles de los ingresos gravables – subsidió la tendencia. Esto provocó que las compras apalancadas despegaran. Aunque lo que las hizo dispararse fueron los bonos “basura”.

“Del dinero generado por cualquier compra apalancada aproximadamente el 60 por ciento, de la deuda asegurada, proviene de prestamos de bancos comerciales. Sólo más ó menos un 10 por ciento viene del comprador mismo. Durante varios años, el 30 por ciento que quedaba – la carne en medio del sándwich– venía de un puñado de grandes aseguradoras, cuyos compromisos a veces tardaron meses en cumplirse. Luego, a mediados de los 80, Dexel Burnham empezó a usar bonos “basura” de alto riesgo, para reemplazar los fondos de las aseguradoras. El “zar” de bonos de dicha firma, Michael Milken, había comprobado su capacidad para reunir enormes cantidades de estos valores con poca antelación, con el fin de realizar compras hostiles. Los bonos basura de Milken, bombeados en el negocio de las compras apalancadas, se convirtieron en un combustible de alto octanaje que pasó a transformarlo de un Volkswagen Escarabajo a un monstruoso automóvil drag racer que botaba humo y fuego.

“Gracias a los bonos basura, compradores de las compras apalancadas, alguna vez considerados muy lentos como para competir en la batalla que tiene como objetivo tomar una empresa, pudieron hacer muy rápido sus propias ofertas, por primera vez.”

En una empresa muy apalancada, el dueño de las acciones no es quien realmente tiene el control. Es el tenedor de los bonos o el acreedor, quien puede poner la empresa en mora. Con todas las malas jugadas que se encontraban disponibles para los equipos de “asesinato económico”, combinadas con la habilidad de un acreedor para dejar una empresa en mora, ¿quién necesita un dueño visible? Lo que quedó sin mencionarse fue la facilidad y elegancia con que los bonos “basura” hicieron posible tomar compañías con narcodólares y otras formas de dinero caliente, financiadas por poderosos socios que se encontraban escondidos tras montones de deudas.

Emergió una creciente cantidad de firmas de inversiones atractivas y astutas en los negocios, que competían por convertirse en propietarias registradas de un amplio número de compañías que salieron de la bolsa, al someterse a compras apalancadas. Entre estos casos se encontraba el de Kohlberg Kravis Roberts & Co. (KKR), la firma de LBO que se apoderó de RJR Nabisco en 1989, durante una de las tomas más visibles de la década que fue documentada en Barbarians at the Gate. Dillon Read representó la junta directiva de RJR Nabisco durante la transacción. Mientras la puja entre KKR y el grupo de gestión dirigido por Ross Johnson – junto con Sheason Lehman – se intensificaba, recuerdo quedar estupefacta sobre la inquietud de por qué pensaría alguien que RJR Nabisco podía pagar la cantidad propuesta de la deuda. Después de todo esto, mientras leía informes en donde se aseguraba que sí se estaba pagando la deuda y los intereses, me pregunté cual era el truco de magia que poseía KKR y que nos hace falta a los simples mortales. Según Barbarians at the Gate, resulta que KKR logró ganar sin tener la oferta más alta de la puja. Es posible preguntarse hasta que punto fue arreglado el proceso de licitación para asegurar que ganara esta firma, o si fue manipulado por los medios de comunicación para hacer parecer que la junta directiva tenía motivos para favorecer a KKR, en lugar del grupo de gestión, aunque las verdaderas razones fueran otras.

Años después, leyendo entre líneas la demanda de la Unión Europea, se me ocurrió que tal vez KKR simplemente había protegido una de las principales redes de lavado de dinero del mundo, y que, tras el velo de una empresa privada, había llevado esta red a un nuevo nivel. Durante el mismo periodo, reclutaron a Lou Gerstner de American Express para dirigir un RJR ya más dinámico y apalancado. Las demandas presentadas por la Unión Europea contra RJR alegan que la cúpula de la dirección – incluso durante la época en que Gerstner encabezaba la compañía como jefe ejecutivo – dirigía las actividades ilegales de RJR directamente. Cuando la Unión Europea se refirió a “los más altos niveles corporativos”, así como a los “ejecutivos y directores”, en realidad estaba hablando de Lou Gerstner, y – por medio de Gerstner y la junta directiva – el accionista controlante, KKR.

Ya exitoso dentro de RJR, Gerstner dejó la empresa para ir a revitalizar a IBM y luego fue nombrado caballero por la Reina Elizabeth. Después de renunciar a IBM, fue escogido para dirigir el Carlyle Group en Washington a finales de 2002. La demanda de la Unión Europea destaca los más ocultos talentos de Gerstner que le ayudaron a revitalizar a IBM, uno de los contratistas militares y de inteligencia más poderosos de todos, y a dirigir una firma de compras apalancadas como Carlyle, que había construido su negocio con contratistas militares y de inteligencia, así como con la inteligencia a la que tienen acceso tales contratistas [25].

Henry Kravis y George Roberts fueron dos de los fundadores de KKR. El padre de Kravis –quién era exitoso en las industrias del petróleo y gas– supuestamente fue un amigo de la familia Bush y tenía muchos enlaces estrechos con Wall Street. Se decía que Henry Kravis y George Roberts, su primo y socio en San Francisco, apoyaban generosamente a la campaña de Bush.

Para mi era inconcebible que KKR hubiera ganado la puja sobre RJR Nabisco pese a sus ofertas bajas sin que el vicepresidente George H. W. Bush en la Casa Blanca (quien acaba de triunfar en las elecciones) y/o Nick Brady en la Tesorería hubieran intervenido con su mano invisible. El asesor legal de la Casa Blanca en la administración Bush, el egresado de Harvard C. Boydeb Gray (ahora socio en Wilmer Culter) fue heredero de una de las varias fortunas de RJR en North Carolina. Cuando el equipo de puja –dirigido por Ross Jonson, entonces presidente de RJR Nabisco– perdió frente a KKR, me pregunté: ¿será que Nick finalmente se vengó de Ross Johnson por haber debilitado a la principal empresa aseguradora después de la fusión con Nabisco en 1985?

Cuando Nick Brady llegó por primera vez a la Tesorería, parece que tardó mucho en contratar personal y organizar su oficina de relaciones públicas. Antes de salir de Wall Street en abril de 1989 para unirse al gobierno de Bush, los periodistas solían llamarme buscando información general sobre él y sobre su vida. Un reportero me preguntó si pensaba que Brady era lo suficientemente duro como para sobrevivir en las aguas peligrosas de Washington. Respondí que sí, que efectivamente Brady tenía una fina manera de comportarse. Aunque, no obstante, el mundo estaba lleno de hombres y mujeres que nunca se imaginaron hasta donde podría llegar.